Proceso de paz debe pensarse con la sociedad: La paz más allá de las armas

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  • jueves, 18 de abril de 2013
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  • Neyder Jhoan Salazar
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  • Foto/Cristian Marquín
    La paz debe comprenderse desde los problemas estructurales que han generado la guerra, un diálogo debe ser visto  como una posibilidad y la paz debe ser construida con la sociedad; son los puntos de vista de diferentes actores sobre la necesidad de un diálogo político para la paz.

    A propósito del ambiente de paz con los diálogos en la Habana  entre el Gobierno y las Farc. Además de las manifestaciones sociales para blindar el proceso y que las partes no se levante de la mesa sin acordar el fin del conflicto militar, incluidas en la  Minga Nacional Indígena por la Paz y la Reconciliación del país de la comunidades indígenas, la Marcha por la Paz del Movimiento  Marcha Patriótica y el Congreso de Paz de las organizaciones sociales del Congreso de los Pueblos. Presento  un artículo que aborda el panorama  de la paz desde los sectores que exigen su participación en el proceso.

    El profesor e investigador, Miller Dussán manifiesta que la paz pasa por los territorios, se construye  en estos. Por lo tanto un proceso de paz debe enfrentar el control de los territorios por parte de las corporaciones transnacionales que vienen con la ejecución   de megaproyectos, parte de una política extractiva,  minero-energética y  de agronegocios impulsada por las locomotoras del desarrollo.
    En este punto José Santos Cabezas del Proceso de Comunidades Negras, PCN reclama que los territorios vienen siendo disputados con el impacto agroindustrial y la multinacional extractiva que se convierten en formas violentas de desterritorialización, “es la expropiación de la relación armoniosa con el territorio, una disputa del desarrollo rural por las  formas diferentes de ver el territorio”, reconociendo más formas violentas que la armada, por ejemplo la minería es parte de una invasión cultural y económica.

    La guerra en Colombia: “El dolor lo siente el pueblo”

    Amanda Lucía Camilo de la organización Tejedoras de Vida, Movimiento de Mujeres de Putumayo y Ruta Pacífica por la paz. Manifiesta que es necesario visibilizar la violencia contra la mujer, en la que el cuerpo de la mujer se ha convertido en un botín de guerra. Por eso las mujeres generan acciones y juegan un papel en la salida negociada al conflicto, es decir una paz con la voz de las mujeres que vienen desarrollando acciones de resistencia, “el cuerpo de la mujer es el primer territorio de paz”.

    Esta líder resalta la necesidad de la construcción de una memoria simbólica, para eso es necesario el uso del lenguaje simbólico que permita una vida digna y vivir sin violencia; ya que hay una noción de historia ligada a la memoria. Estas mujeres vienen con un trabajo colectivo en el que se reconoce: “el dolor de una mujer es también mío, por eso debemos unirnos para soportar el dolor”.  Gonzalo Sánchez del Centro de Memoria Histórica, reconoce que la memoria debe estar en la agenda de las conversaciones porque la memoria hace parte de la capacidad simbólica de grupos frente a la guerra.

    El conflicto ha marcado el cuerpo de la mujer como estrategia para agredir al adversario, incluso con prácticas de descuartizamiento vividas en país. Se trata de ver la paz más allá de la guerra de armas, como una agenda social amplia que no implica  delegar en determinados grupos porque hace parte de un asunto de la sociedad, “es que las mujer y demás sectores deben participar de esa agenda con las acciones de la sociedad civil”.

    La paz desde los procesos indígenas

    Los territorios indígenas, sus comunidades y los líderes enfrentar la arremetida de la guerra y la muerte por parte de los diferentes actores. Sus territorios sagrados han sido invadidos por una política armada del control del territorio. Por eso su exigencia es la autonomía para la desmilitarización de sus sitios sagrados. Es que como manifiesta José Domingo Caldón del Cric, en el Cauca la estrategia del Gobierno viene inmersa en el plan de consolidación, buscando copar con la  militarización los territorios. Por eso el llamado es a construir la paz como un proceso que emerge de una solución política, un plan de vida (cultura de espiritualidad, tejidos de vida y gobierno propio), proteger la vida, el territorio y la autonomía; entendiendo esto como el regresar a la Madre Tierra y mantener una economía de la resistencia.

    La paz como una construcción política que viene de  procesos como la minga; la posibilidad de legislar desde abajo y construir un bloque de paz, fortaleciendo la guardia indígena, la consulta previa como autonomía de los pueblos y el papel de la mujer como dadora de vida; símbolo de transmisión del conocimiento que no paren hijos para la guerra. En esta medida la agenda  de paz para los indígenas  reconoce: “cuenten con nosotros para la paz y nunca para la guerra”, aclarando que no se ven representados ni por la institucionalidad, ni por las Farc.

    Feliciano Valencia manifiesta que como Consejo Regional Indígena del Cauca ven que los asuntos y los problemas de la guerra que fomenta el Gobierno y la guerrilla en Colombia deben ser hablados en nuestra casa y no estar pidiendo cupos en otro país, “la agenda nuestra que seguimos fortaleciendo no se la entregamos ni a la Farc, ni al gobierno, la discutimos nosotros porque nadie nos representa en ese escenario de negociación”.

    Además agrega que preparan sus propios escenarios para discutir los asuntos de la paz, “la paz no es sólo la dejación de armas, la paz tiene múltiples elementos que hay que empezar a poner sobre la mesa”. Por eso está la Propuesta de Paz desde el Movimiento Indígena para el Pueblo Colombiano  y  se proponen reunir como un congreso de la paz: “para discutir nuestros asunto de paz, la construcción de una propuesta de paz. La paz que piensa el indio, no es la paz que piensa el Gobierno o la Farc, pero existe la necesidad de hablar sobre el asunto de la paz. Yo no sé qué es lo que van a negociar en la Habana y cómo nos va afectar, allá hablan del problema de la tierra y cultivos ilícitos, política agraria y nosotros tenemos que ver con esos temas ¿qué Irán a negociar y que decimos nosotros de esos negocios?, para eso tenemos que sentarnos a hablar”.

    El problema de la droga

    Hugo Cabieses de CIDDH de Lima Perú frente al tema de la narcoguerra, manifiesta que la militarización no resuelve el problema y se hace necesaria la consulta previa de la sociedad. Se trata de generar una política de comunicación y de reducción del daño que causa la producción; impulsando los procesos alternativos comunitarios y no criminalizando la droga.

    Socorro Ramírez, de IEPRI Universidad Nacional, puntualiza que la política antidroga es un instrumento de disciplinamiento en el mundo, lo que busca es la ampliación del perímetro de seguridad de Estados Unidos. Con la droga llega la relación armada, la capacidad política y la economía ilegal, “La política antidroga ha demostrado una ausencia de reforma agraria y falta de una política rural”. Ésta no ha planteado el problema de fondo, y por el contrario trae un enraizamiento en  política de la criminalización. Por eso para Ramírez se trata de prevención y atención con un trato digno. Asimismo la necesidad de erradicar la discriminación del lenguaje, referente a la coca como la planta prohibida y por lo tanto se hace necesario plantear alternativas a la economía de la coca.

    Conflicto y agro

    El tema del uso de la tierra y una política agraria es parte fundamental del diálogo de la paz. El investigador Darío Fajardo frente a una reforma agraria en el país puntualiza que es necesario pensar la situación rural como formas de pensar el espacio frente a la presencia de multinacionales y donde organismos como Naciones Unidas no trae la solución.

    De igual forma hay un fenómeno de titulación como mecanismo de despojo, se trata de una masiva titulación para formalizar predios como parte de la política del Banco Mundial para expandir la inversión de las multinacionales y es así como la Ley 135 es funcional al modelo de desarrollo. Esto ha venido representado el Paramilitarismo afianzado con la articulación al latifundio,  más aún frente a otras alternativas como las reservas campesinas y las colonias agrícolas que son formas de  lucha contra el capital, el despojo y que permiten establecer un vínculo con el territorio . “La guerra es el desarraigo que quita la base productiva y trae ruptura del tejido social. A lo que se suma la presencia de multinacionales apadrinadas por las Naciones Unidad”. Por lo tanto es necesario la recuperación de la memoria frente a la construcción de una nueva sociedad y junto al debate de la descolonialidad; la sociedad en crisis aporta la posibilidad de desenganche.

    Salida positiva a la guerra

    El experto en temas de conflicto, Marc Chernick en medio de las seis décadas de violencia y los 30 años de negociación del conflicto, reconoce dos formas de darle fin a la guerra. Una es la guerra negativa de acabar el problema armado de la guerra y listo. Mientras que la otra es la guerra positiva que busca intervenir los problemas de la violencia como algo estructural, es decir enfrentar las raíces afrontando la causa. Con lo que es evidente que no se trata sólo de desarmar, hay que  acudir al problema de fondo y entonces no es sólo con los actores armados.

    Marc Chernick reconoce que el tema militar en un dialogo de paz también atiende a razones táctica, mientras que hablan de paz todos los actores se preparan para la guerra, así se evidenció en los diálogo de Pastrana en el Caguán que fortaleció su capacidad militar, el inicio de una intensificación del fuego externo con el fortalecimiento del Plan Colombia; esto también lo hizo la Farc. Por lo tanto para este estudioso de la guerra, el fracaso de la paz es costoso, y entender la paz debe ser un proceso estructural, “en Colombia el dolor lo siente el pueblo”. Más aun comprendiendo que como parte de la agenda de las Farc hace parte el tema agrario y la tierra, la participación política y el movimiento social. “La voluntad de los bandos debe representar la liberación de rehenes y el conflicto como la dejación de armas”.

    Para Chernick un proceso de paz bien encarrilado puede permitir buenos resultados, es necesario avanzar con voluntad política; entendiendo que debe haber un fuero especial para enfrentar y hacer reformas que conduzcan a la paz, por lo tanto no depende de la fuerza militar y los actores armados. El mejor momento para iniciar un diálogo es cuando se reconoce un empate, sin alardes de ventaja militar. Por eso este investigador, reconoce la importancia como primordial del cese al fuego; ya que seguir en enfrentamiento es un problema, por lo tanto se hace necesario bajar la intensidad. Así mismo recomienda  tener atento cuidado con los saboteadores que son enemigos de la paz, haciendo referencia a grupos de Paramilitares con ciertos sectores que crean un ambiente de tensión para no lograr la paz. De igual forma la relación con el contexto internacional, es que el conflicto colombiano ha sido presionado por la incidencia de Estados Unidos, un saboteador de los proceso de paz a nombre de combatir el narcotráfico y que aceleró su accionar desde el 2002 con la fase  antiterrorismo.

    Chernick puntualiza que es necesario reconocer el boom del momento del diálogo; el ambiente de las negociaciones secretas y el acompañamiento internacional; por lo tanto no desaprovechar la oportunidad. Es claro que se reaprendió de la estrategia de Uribe de una salida militar al conflicto. Por lo tanto hay que reconocer los múltiples factores de la violencia, para poder enfrentar otros problemas por etapas.

    En este sentido juega un papel importante la tolerancia para lograr desmantelar la estructura de la guerra en todos los actores. Por lo tanto es claro que el proceso de paz no es una victoria; la negociación implica hacer reformas necesarias que no se han podido hacer. “Es claro que en los contextos de guerra no se puede pensar en apertura económica, se necesita estabilidad en seguridad para un ambiente de tratados económicos internacional”.

    Marc Chernick en su libro Acuerdo posible; solución negociada al conflicto armado colombiano. Es claro en manifestar que es necesario un proceso de paz positiva en el que no es posible pensar un proceso de paz sin justicia y por lo tanto también con la reparación; lo que implica enfrentar el problema de manera estructural. En éste bajo teorías de la resolución del conflicto, hace referencia al momento de la resolución, el papel de mediadores y los saboteadores. “Hay gente en armas cuando se  cierran espacios políticos, el proceso de paz no es fácil, no se garantiza, pero sí es posible”. De igual forma aclara que es necesario dejar el ambiente hostil, lo que implica garantías para la participación política y la no criminalización de la movilización social.

    Aprendiendo a negociar la paz

    Por su parte Mauricio García Durán en su investigación aprendiendo a negociar la paz. Sobre las lecciones aprendidas sobre la participación de la sociedad civil en negociaciones realizadas en 1982 al 2010, es decir los procesos de paz en los últimos 30 años. Puntualiza que son diversas la formas de participación de la sociedad, en la que debe crear una opinión pública favorable, facilitando el diálogo entre las partes y con un rol mediador. También la participación de la sociedad en mesas de negociación como la mujer, monitoreo de cumplimientos y el seguimiento a infracciones con la exigencia de mínimos de verdad, justicia y reparación. La sociedad juega un papel clave en la movilización social para presionar el avance de las negociaciones como sucedió en Irlanda del Norte y la validación democrática de un acuerdo de paz, por eso hay que pensar en mecanismo como el plebiscito y el referendo puesto en marcha en Sudáfrica.

    La participación de la sociedad en los procesos de paz en Colombia deja una serie de lecciones que Durán reconoce como la necesidad de consolidar una masa crítica que apoye el proceso de paz sin recurrir  a la violencia. Así mismo la presión social para responder un diálogo a la demanda social, propiciando una opinión pública favorable a las negociaciones. También facilitar el diálogo entre las partes, buscando gestionar dinámicas de acercamiento y la participación en mesas de negociación, en las  que se  hagan aportes  y permita el debate de los temas de acuerdos. Entonces es evidente que se hace necesaria la representación de los sectores de la sociedad civil. De igual forma un acuerdo que responda a los problemas de la seguridad y consolidar un consenso sobre el no uso de la violencia como instrumento político para el futuro del país.


    En el audio Marc Chernick hablar sobre la necesidad del Gobierno que quiere la paz para seguir en la economía de mercado internacional y sobre la necesidad de pensar en el Postconflicto

     

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