Crónica: Una localidad memoria de Bogotá

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  • jueves, 10 de mayo de 2007
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  • Neyder Jhoan Salazar
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  • Por: Neyder Jhoan Salazar Torres



    Caminando por las calles nunca pensé reconstruir y vivir momentos intensos de la historia que baña a Bogotá Capital de Colombia. Un domingo perfecto para salir y dar un paseo como acostumbran hacerlo los bogotanos, tome la decisión de cambiar el plan de ir a ciclo vía, así que aprovechando el excelente clima que por esos momentos cobijaba a esta ciudad. Decidí ir a pasear por la calles de Bogotá. Con una pinta muy dominguera, como se suele decir al vestido que se lleva, algo fresco y deportivo. Buscaba tener un momento de esparcimiento y olvidarme del trajín que se carga en las labores semanales. A las ocho de la mañana salí de mi casa ubicada en una de las localidades insignia y llenas de historia de mi querida capital, “la localidad de Chapinero”. Una localidad ubicada al oriente de la ciudad.

    foto/ Wikipedia

    Según datos de la alcaldía local de chapinero, esta localidad va de la calle 39 a la calle 100, desde la Avenida Caracas hasta los Cerros Orientales. Tiene una extensión de 3846 hectáreas entre áreas urbana, residencial y de reserva natural. La zona donde se ubica chapinero fue habitado por la gran y majestuosa tribu muisca, su nombre es por una historia de un español que viene a estas tierra y se dedica a la fabricación de chapines, un tipo de calzado, a los que fabrican este tipo de calzado se les llama chapinero, de ahí el nombre de la localidad que data de 1812.

    A un paso lento comencé el recorrido de una parte de la localidad, empecé por la 64 con 17 y algunos de sus alrededores. Entonces se me vino a la mente recuerdos de la colonia al observas casas por no llamarlas casonas, una muy antiguas que conservaban su estilo colonial, con sus rústicos techos y amplios jardines. En medio de ese momento un escalofrió me recorrió el cuerpo fue como sentir en un instante el frió de la muerte del que habla José asunción silva , pero tal vez no era el frió del sepulcro, era un frió de indignación al observar que habían otras casas que tenían en su armazón la marcas de una remodelación, pero conservaban aun un poco del legado histórico de Bogotá. Sentí más frió al observar que la zona había sido invadida por unos pocos edificios que remplazaban la colonia de la época. Más indignación siento cuando me choco con un poste atiborrado de basura regada que sin duda deteriora la imagen de esta localidad. En mis pensamientos surgió la idea de que en otros tiempos esto no hubiera pasado. quizás esa limpieza de la zona quede son en el recuerdos de sus antiguos moradores. Continué mi caminar por la 63 con una mirada hacia los cerros pero con una vía contaminada por el bullicio de carros, gentes y almacenes. Cuando tope con la calle 13 una atemorizante iglesia hace que mis sentidos se dirijan hacia ella. Junto a un parque lleno de gente, palomas, vendedores y hasta cuenteros hago mi arribo al parque de Lourdes. Que impresionante fue ver el templo de Lourdes con su aire gótico que una vez más me remonta a la época. Como no hay tiempo que perder sigo mi camino y que sorpresa una vía llena de congestión y atestada de comercio de toda índole, la carrera 13 hasta llegar a la calle 53 y transitando hacia la carrera 5 observo inmensos rascacielos, miles de ellos que invaden y roban parte a la naturaleza. Pero aun así mi corazón palpita al ver los gigantescos cerros que custodia a esta ciudad. Mi descanso es en un parque donde Lorenzo un anciano y en compañía de su perro me cuenta un poco de su historia y de cómo era la localidad de chapinero y con gran alegría y algo de melancolía en su rostro me recuerda de imagen de la virgen de Lourdes. Con la imagen de una localidad apestada por comercio y el auge de edificios que forma la urbe de un país en vía de desarrollo, le doy fin a mi recorrido pero con recuerdos aun vivos de una localidad que es memoria de Colombia.

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