En tiempo de coronavirus, dos miradas una misma realidad

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  • domingo, 26 de abril de 2020
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  • Neyder Jhoan Salazar
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  • Primero episodio del podcast Relatos y sonidos.
    Pasan los días,  el tiempo se hace lento y  la noche es mucho más larga;  a veces desesperamos, :otras veces nos llenamos de incertidumbre ¿qué será del mañana, un futuro desconocido,  un presente inquietante,un pasado nostálgico. Recuerdos infinitos llegan a nuestra mente,  nos dan vueltas en la cabeza. Recordamos aquellos que se fueron y a los que posiblemente estén por partir, quizás no sabemos. Entre el desespero y  las  incalculables horas de reflexión no hayamos en la soledad, nos encontramos en pensamientos difusos y de pronto, vislumbramos en una realidad con dos caminos, ¿cuál transitar?. 



    Las reflexiones nos llevan a ser cada vez más fríos o cada vez más cercanos, cualquier cosa, pensamiento o acción  hace que podamos perder el equilibrio y  que podamos perder el control; sin embargo, nos toca sacar fuerzas para permanecer valientes,  es esa valentía la que muchas veces nos hace pensar en el otro porque de nada sirve el individualismo cuando necesitamos de infinidades de seres para poder salir juntos y es aquí donde la vida nos enfrenta. Nos enfrentamos así mismo y con los otros. Esa vida, ese pensamiento en confrontación que nos pone por dos caminos,  el camino individual y perverso de ganarlo todo, pensando en mí mismo y el reducido hemisferio de mis individualidades. Es verdad,  a veces quebrantamos y nos dejamos llevar por el egoísmo traicionero.

     Pero hay luz, hacia otro camino,  el camino que me lleva a perderlo todo, pero compartiendo hasta lo más mínimo. Unos hablan de volver a empezar, otros de brindar la mano y unos menos arriesgados, de seguir el camino si al fin de cuentas no han tenido nada. Surge entonces, un pensamiento solidario, este último debería ser el camino que pudiéramos  escoger,  pues no somos nada si no tenemos de los otros. Así sea para luego, presente o futuro  poder compartir un abrazo,  una mirada,  una sonrisa, un vino, un café... podríamos dejarlo todo y entregarlo, entregar hasta el corazón y los miedos que nos impiden ver tras las miradas de los que han partido. 

    Quizás es el  tiempo de la solidaridad, pero no esa empecinada en ser más que el otro y que se ha enseñado a mirarlo  por debajo, esa es traicionera,  individual y mezquina.  Se necesita  de la solidaridad entre iguales, al menos de iguales en corazón;  valiosa, justo en un momento donde necesitamos de una mano amiga y una palabra sincera. Un momento donde se hace necesario  que las miradas lejanas y distantes se acerquen en el pensamiento y en el deseo de poder salir triunfantes. Ser solidarios es el camino necesitamos brindar lo poco, entregarlo todo; no sólo lo material, también las palabras. Quizás en los pensamientos está  la salida.  El camino es el amor triunfante, ganarán  los corazones que están dispuestos a no seguir transitando por la codicia del individualismo.


    Triunfantes  lo que están dispuestos a permitir que entren en lo profundo de su ser las otras personas.  Necesitamos del amigo, necesitamos del familiar, necesitamos del desconocido,  necesitamos de ti como todos necesitamos de cada uno. Se trata de brindar la posibilidad de abrir nuestros corazones. En la posibilidad de brindar  nuestro amor  está el camino,  ese es el camino que debemos transitar, recordando que el respeto hacia los seres está en  vínculo  y equilibrio con la naturaleza. Reconociendo que necesitamos de ella y que somos diminutos ante sus magnitud.  Necesitamos de la naturaleza, como ella necesita de nosotros y nosotros de nosotros mismos. El pensamiento y la acción deben transitar por la solidaridad y el amor. El camino nos debe llevar a un lugar donde  quepamos todos, por el momento ese camino está en su corazón donde pueden estar muchos. Es que si nuestro corazón está dispuesto a caminar con el otro, por ahí es el camino.



     

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