Literatura: Vocación para servir

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  • miércoles, 21 de diciembre de 2011
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  • Neyder Jhoan Salazar
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    El escritor, poeta, ensayista y novelista tolimense, William Ospina  habló sobre lo que ha representado la literatura en su vida y reflexionó sobre su sentido.

    William reconoce que es un hombre que poco habla de sí mismo, por eso no es de su mayor interés hablar de sus obrar y de él. Alejado está de ser su tema favorito, así como también se aleja del alarde que un escritor puede tener. “Cuando se trata de hablar poesía, prefiero hacerla con la de otros,  en mi memoria prefiero decir la de de otros porque hasta algunos de mis poemas no los sé”, sostiene William.
    Se es escritor como vocación


    Ospina reconoce que se es escritor antes de tomar la decisión de serlo. En este sentido la educación es sólo una ayuda  para fortalecer, es decir que la educación da las herramientas, “es imposible volver músico a alguien que no es músico”.  Aclara  que la universidad sólo es una parte de la formación de la vida que se da en las aulas. Sin embargo, la universidad es más que un currículo y pensum, es un espacio de convivencia y relación. Es así como acude  a Kant,  para manifestar que la más importantes de las artes es la conversación.

     Por eso aclara  que quien decide hacer poesía, ya debe haber establecido una relación con la palabra. Agrega que si bien la literatura se estudia en la academia, no es hecho académico. En este sentido reconoce que la literatura no la inventaron en academia porque  la lengua nació del pueblo y se transforma ahí.

    Este escritor reconoce que la literatura es una vocación  que no representa un camino de riqueza y tampoco de celebridad.  Para William la literatura despierta,  hace sentir placer y hace feliz la vida, siendo entonces útil para servir a la sociedad.  “La literatura es una memoria profunda de los pueblos, una relación con la lengua”, puntualiza el escrito.  La literatura entonces para William, representa la búsqueda de una lengua para expresar lo que es y recuerda, la búsqueda  y plenitud de un destino.

    Es en ese destino que Ospina tardo para pensar que estaría marcado por la literatura, fue así como escribía poemas sin se atrevido a llamarlos poemas.  No los llamaba así porque tenían que cumplir unos requisitos que él  ignoraba, tal como sucedió cuando empezó a escribir ensayos.
    Reconoce que  el momento de su vida actual  es menos libre para escoger lo que escribe, ya no lo hace por capricho, ahora escribe para editoriales y prensa, es decir para publicar.  Ahora ya no se puede dar un viejo lujo, ese en el  que manifiesta, le gustaba más empezar las cosas que terminarlas, refiriéndose a sus múltiples ensayos incompletos.

    Su recorrido literario se ha caracterizado por el manejo reflexivo de temas de la vida social, tal como en su ensayo, “Es tarde para el Hombre”, reflexiones sobre la vida contemporánea.  Entonces se hace necesario recordar los Románticos y el futuro, Las trapas del progreso y La mirada de Hielo en los que plasmó  la tendencia de la modernidad en la que se condena  por el progreso.

    Entre escritos y lectura


    Reconociendo que la literatura está marcada por lengua, William afirma, “todo el que lee un libro lo está inventando, uno cierra un libro y se recuerda amores, batallas, reflejo que salen de la memoria”.

    William aclara entonces que el autor hace una partitura abstracta y es el lector el que interpreta. Por eso cada quien que lee un libro, lo crea, pone su memoria y proceso creativo. Ospina manifiesta que es irreemplazable el ejercicio de la lectura. Lectura que  es múltiple, tanto el que escucha una charla como el que lee un libro, son maneras distintas de leer.

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