¿Colombia en manos de quién? Un grito de auxilio para la defensa del patrimonio.

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  • sábado, 27 de marzo de 2010
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  • Neyder Jhoan Salazar
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  • El mal manejo de la privatización arrasadora condena al Estado a caer en manos de unos pocos y particulares intereses. No hay una carga equilibrada de poder, y las decisiones acaban de forma absolutas perfiladas y tomadas por grandes empresas privadas inminentemente dueñas del país. Lo que es peor la economía de un país modelada y manejada por grandes empresas privadas que ni siquiera son colombianas ¿Colombia en manos de quién?

    Por: Neyder Salazar

    Otra vez el debate se enciende sobre un fenómeno que siempre ha estado presente y que en los últimos años del Gobierno Uribe se a agrando. Que panorama tan desalentador de un país que desangra, ahora se condena a morir entregado a manos de intereses particulares. La Nación venderá Casi 100 empresas en 2010. Sin embargo el interrogante ¿Qué empresa estatal sigue ahora? Siempre está presente en el consciente de los colombianos.

    Si bien hay una crisis en la economía nacional que crece por la corrupción pública ésta no se soluciona con la venta de empresas estatales. No parece sensato que un grupo de banqueros que hace parte de las empresas más rentables que injieren en las políticas del mundo, recomienden vender las empresas públicas de mayor tamaño. Tal vez para que otra empresa del mismo grupo económico la adquiera, y así poder seguir satisfaciendo sus interés de lucro y apoderarse de todos los reglones del mercado, obteniendo un mayor poder en las políticas del Gobierno. Mientras al colombiano del común se le entierra en la pobreza y al pequeño empresario se le condena a la quiebra.

    ¿Con qué se va defender la Nación en una crisis económica sino se tiene patrimonio, no hay empresas públicas, se vendieron? Lo malo no es abrirles las puestas a la privatización, lo malo es que esto no se haga a una escala gradual y sin perder el control. Está privatización debe estar enmarcada en el equilibrio económico. A la par que se le permite el espacio a una empresa privada debe nacer una que pueda ser administrada por los departamentos o comunidades para aumentar el capital y la industria nacional pública. De esta forma hacer contrapeso y equilibrio al arrasador crecimiento del sector privado acumulado en pocos. Una privatización que en los últimos años es abrupta y lo que es peor a mano descomunal de empresas privadas que no son colombianas. Es decir conglomerados económicos internacionales con fuerte injerencia en las políticas públicas, con mayor control y poder en las decisiones de país. Es una arremetida privada que somete al país a intereses particulares de lucro y que de seguir así, la economía nacional no podrá ser equilibrada.

    Es inminente recuperar lo que se viene capitalizando, el país necesita redimir su economía pública y no seguirle otorgando todo los sectores que pueden ser productivos a empresas internacionales. Hay una urgente necesidad de que haya estabilidad en el número de empresas públicas nacionales en relación con las privadas trasnacionales. Pero no toda la economía puede estar en mano de las trasnacionales, además porque el dinero sale de país explotando nuestros recursos y sin que la nación tenga mayores ganancias a cambio.

    A la liquidación de la Caja Agraria, a reformas disfrazadas que liquidaron el Seguro Social y la de electrificadoras condenadas a la privatización. Se suma otras tantas que para este año pasarán por más de 100 a pesar de clamor ¡Que no se repita!

    Cómo entregar fondos ganaderos a manos privadas, cuando lo grandes ganaderos quieren adueñarse del mercado, de la tierras y condenar al pequeño campesino a la quiebra total. Que irracional entregar empresas de alimentos estatales a manos privadas, cuando en el dominio de la Nación y de comunidades organizadas podrían garantizar la salida de la crisis alimentaria. Sectores que podrían ser manejados por campesinos para responder a la soberanía alimentaria tan reclamada y negada. No es justo entregar la producción alimentaria a terceros para que se lucren de lo que debería ser un servicio en un país donde mueren los niños de desnutrición.

    Se piensa en un tercer canal privado que se suma a la lista de la supuesta televisión colombiana en mano de conglomerados internacionales, cuando se tendría que pensar en canales comunitarios y producción por colombianos con sus miradas y con sus intereses. Pero no la imposición de un mercado global que atiende únicamente a intereses económicos.
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    En el Huila igual que en otros territorios hay una presión política para establecer mega-proyectos hidroeléctricos que atiende a interés económicos internacionales. El Quimbo se impone sobre las necesidades socioculturales y ambientales del territorio. A cargo de la transnacional Emgesa, empresa generadora y comercializadora de energía, sociedad de un grupo chileno-español y que ahora bajo la figura de las transnacional italiana ENEL que compró el 94% de las acciones de Endesa, Busca lograr sus objetivos.

    En el Caquetá es claro ver como la empresa privada Nestlé impone las leyes de mercado a los campesinos que venden su leche supuestamente con grandes estándares de calidad que muchos pequeños ganaderos no logran. Nestlé elabora productos derivados de la leche pero que la misma comunidad organizada podría procesar para conseguir mayores recursos y satisfacer las necesidades de la población, tal como hacen con las queseras que ahora el Gobierno busca cerrar. Se condena al campesino cada vez más a la pobreza y a cuesta de hacer rico al grupo económico internacional de Nestlé.


    Para colmo de males hace poco elegimos a un Congreso que facilita estos intereses de lucro privado. En necesario un llamado a la resistencia para proteger el interés patrimonial público, un llamado a la organización solidaría y cooperativa que deberían tener preponderancia al momento de abrir licitaciones públicas.

    Un llamado a la organización y a la defensa del patrimonio colombiano, a lucha por el interés común y beneficio colectivo, a no dejarnos condenar a la pobreza y el yugo dominante del capital que a toda cuenta busca injerir en el poder y control del Gobierno.

    Hay que dejar el Interés mezquino de aprovecharse de los demás para satisfacer sus propios intereses, y saciar las ansias de poder y dinero para comprar conciencias.


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